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La enorme importancia de nacer bien

Obsetrecia - Embarazo

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Pocas cosas son comparables a la felicidad de los padres con la llegada de un hijo. Y si nunca se está suficientemente preparado para ser padres, mucho menos para serlo de un niño con lesión cerebral o síndrome genético. Pero desgraciadamente ocurre con más frecuencia de la deseada, sin que a los padres se les dé una explicación convincente de por qué ha ocurrido. Buena parte de las patologías mentales tienen su causa en un mal nacimiento, pero existen programas que permiten mejorar la calidad de vida de estos niños. Un tercio de los recién nacidos sufre derrame cerebral durante el parto y el 96% de los casos de lesión cerebral grave que no tienen causa genética ni se deben a una infección, se producen por sufrimiento fetal durante el alumbramiento, bien por falta de oxígeno, por traumatismos en el delicado cráneo del recién nacido o por la mala utilización de los fórceps. Actualmente, se efectúan demasiadas cesáreas tardías, se utilizan sin razón suficiente determinadas sustancias anestésicas que pueden perjudicar al bebé y, sobre todo, se usan fórceps y ventosas con consecuencias dramáticas en muchos casos. Carlos Gardeta, director de Institutos Fay para la Estimulación Multisensorial, nos explica qué se puede hacer una vez manifestado el problema. ¿Conocía usted estos datos? ¿Qué opinión le merecen? Prefiero no pronunciarme sobre esa cuestión, pero la verdad es que muchos de los casos de lesión cerebral grave que se están tratando en los Institutos Fay tienen como origen un mal parto. ¿Responde eso a su pregunta...? ¿Qué consecuencias tiene a nivel cerebral un mal nacimiento? ¿Cómo afecta a las neuronas? Como sabe, cuando nacemos tenemos ya todas las neuronas de las que vamos a disponer a lo largo de nuestra vida. La estimación actual es que son cien mil millones y que, a partir de los 20 años mueren unas 10.000 diarias. Bueno, pues cuando uno "nace mal" -porque sufrió mucho en el parto, padeció falta de oxígeno o sufrió presión excesiva en el cráneo- se produce la muerte de un gran porcentaje de ellas de forma instantánea o en unos pocos minutos y eso tiene consecuencias muy graves. Me explico: las neuronas son las unidades funcionales que transmiten en el cerebro la información de unas a otras y desde allí a los órganos del resto del organismo coordinando la entrada de la información, las acciones y los pasos que se deben dar en cada momento. Bueno, pues cuando esa cadena de información se rompe a causa de la muerte masiva y no natural de las neuronas la función que éstas tenían encomendada se pierde con lo que el problema pasa también al órgano. Es decir, un niño puede tener problemas para mover una mano y no tener problema físico alguno en ella porque su lesión no está en la mano sino en el cerebro o en la vía que lleva las órdenes del cerebro a la mano. Es lo que llamamos vía de movilidad manual. ¿Cuántas personas padecen hoy ese tipo de problema? En puridad, habría que decir que "lesionados cerebrales" lo somos casi todos; o, si se prefiere, son muchos más de los identificados como tales. La diferencia radica en el alcance de la lesión y, por tanto, en las funciones dañadas. A la mayor parte de los seres humanos nos es suficiente con la socialización e instrucción que nos imparten padres y maestros para adaptarnos a los requisitos del mundo externo pero para otros el alcance de la lesión ha sido mayor y necesitan de un programa de tratamiento sistemático destinado a normalizar las funciones dañadas. Precisamente, los programas desarrollados por Institutos Fay van dirigidos a ayudar a los niños y adultos que tienen problemas para realizar funciones que, por su edad cronológica, ya deberían haber alcanzado. Pero, ¿es posible entonces curar la lesión cerebral causada por un mal parto? Hasta ahora se pensaba que no pero en los últimos años ha habido corrientes de investigación que aseguran que el ser humano está utilizando un porcentaje mínimo de su capacidad cerebral total, lo que quiere decir que existe una cantidad muy alta de neuronas sanas que, con la estimulación adecuada, pueden llegar a especializarse en las funciones de aquellas que murieron. Así, se podrían cerrar los circuitos rotos a causa de la lesión cerebral y se reconstruiría la cadena por la que viaja la información. Lo que hacemos en los Institutos Fay es, precisamente, reestimular las áreas del cerebro no afectadas para que asuman las funciones de las que han sufrido la lesión. No se trata de curar, pues, sino de mejorar, de llevar al niño o adulto con lesión cerebral grave a la mejor situación que le permita su organización neurológica. En personas con lesiones muy graves cualquier pequeño resultado positivo merece la pena. ¿A qué se refiere con organización neurológica? Al proceso por el cual el cerebro del niño crece, madura y se desarrolla desde el momento de la concepción hasta la edad adulta. Este proceso permite el desarrollo evolutivo y secuencial desde las funciones más básicas que puede realizar el cerebro humano hasta las más sofisticadas y complejas. Es preciso que cada nivel del cerebro madure y se organice adecuadamente para que pueda actuar de cimiento sobre el cual madure y se asiente el siguiente. La razón por la cual un niño o un adulto no puede realizar determinadas funciones o las realiza de manera imperfecta es que los niveles cerebrales encargados de llevar a cabo esas funciones no están organizados adecuadamente. La razón de esa falta de organización puede ser la lesión cerebral y/o la falta de estimulación o de oportunidad motora. Cuando la desorganización en un determinado nivel es muy grave, el desarrollo se detiene en esa etapa impidiendo la aparición de funciones más sofisticadas. ¿Y puede conseguirse esa reorganización neurológica? Definitivamente, sí. El organismo humano parece caracterizarse por la duplicidad de recursos disponibles para llevar a cabo una misma función. Esta duplicidad de vías, unida a la plasticidad que manifiesta el cerebro en los primeros años de vida, hace posible la recuperación de la función aunque el área que la integra esté dañada. El niño lesionado cerebral no está paralizado. Está dañado pero dentro de él la función motora sigue siendo posible, eso sí, de forma caótica. Lo que se requiere son técnicas y métodos que le permitan organizar su cerebro para que desarrolle correctamente las funciones para las que fue diseñado. ¿Y cómo se logra esa mejoría de la de la organización neurológica? Pues verá, para organizar los niveles dañados debemos proporcionar la estimulación sensorial adecuada a ese nivel modulando progresivamente los tres parámetros que componen un estímulo -frecuencia, intensidad y duración- a la vez que creamos el mayor número de oportunidades posibles para que el niño desarrolle la expresión sensorial o motora propia de ese nivel. La idea es que si a un niño con problemas de movilidad se le sienta en una silla y no se le permite arrastrarse es imposible que un día llegue a gatear y mucho menos a andar. Hay que reestimularle y darle la oportunidad de que se mueva. Y la madre Naturaleza manda para poder caminar. Aunque primero haya que haber reptado y gateado

 

Articulo enviado el Martes, 17 de Junio de 2008 y leido 10 veces.

 


 

 

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