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Problemas de crecimiento, contextura y desarrollo podrían tener los menores que no consumen carne. Bueno, eso al menos dicen algunos, porque otros postulan que esa práctica no acarrea problemas. Es más, dicen que justamente por el hecho de comer animales los otros están expuestos a una mayor cantidad de enfermedades.
Por Loreto Varela
Está claro. En una familia de padres vegetarianos es mucho más probable que sus hijos también lo sean. La realidad es que depende de los dueños de casa la alimentación que consumen los niños cuando son pequeños: ellos compran la comida y ellos deciden el menú. Adultos que han optado por la abstinencia carnívora por convicciones religiosas, filosóficas o porque no les gusta que se maten animales para que ellos se alimenten.
En estos tiempos, a diferencia de hace algunos años, no es tan extraño encontrarse con personas que son vegetarianas. Mucha gente no entiende muy bien cómo sobreviven ni de qué se alimentan. Esta forma de vida, que para muchos es difícil de comprender, también la practican niños a instancias de sus padres. Y ahí viene un inmenso debate entre los que creen que es imposible criar a un pequeño bien alimentado sin carne y quienes piensan que es perfectamente posible. No son pocos los que satanizan este estilo de vida y dicen que los niños necesitan vitaminas, minerales y sobre todo proteínas que se encuentran solamente en productos carnívoros y que de lo contrario los pequeños tendrán problemas de crecimiento, contextura y desarrollo.
El pediatra Guillermo Boldrini, especialista en medicina homeopática antroposófica aclara primero que nada que la alimentación es particular “hay personas que necesitan tomar determinadas cosas y otras que no, hay quienes apetecen ciertos alimentos en términos sanos y otras que no, incluso tiene que ver con una postura interior, con una actividad. Una persona que trabaja con picota y pala en el campo va a necesitar un tipo de alimento muy distinto a alguien que trabaja frente al computador largas horas, que es un trabajo muy intelectual, entonces tienes que adecuar alimentaciones muy distintas. También la tienes que modificar en los niños según su constitución, su temperamento. No es lo mismo lo que tiene que comer un niño gordito a lo que tiene que comer uno despierto. Cuando te encuentras con estas cosas rígidas, que un niño tiene que comer tantas calorías a la larga eso no funciona”.
DISTINTOS TIPOS.
Existen distintas clases de vegetarianos; están los que lo son al 100% o veganos, quienes no comen ningún tipo de proteína animal y excluyen totalmente los alimentos de origen animal, incluyendo la grasa, gelatina y muchos productos industrializados que contienen aditivos provenientes de fuentes animales. Se alimentan principalmente de frutas, verduras, cereales, harinas integrales y leche de soya. No consumen nada que contenga colorantes, preservantes o saborizantes y generalmente cuidan que los vegetales y frutas que consumen sean orgánicos, vale decir sin pesticidas, fertilizantes artificiales, ni modificados genéticamente. Los ovolacto vegetarianos, incluyen huevos, leche y sus derivados en su alimentación, el resto de su dieta es igual a la de los vegetarianos.
Hay quienes son semi vegetarianos, ya que consumen carnes blancas o pescado, sin embargo estos no son catalogados de vegetarianos por los más estrictos. Tenemos a los frugívoros que comen sólo granos, nueces y frutas. Existen también sistemas de alimentación en estas líneas, uno de ellos es el macrobiótico por el cual Sergio Pazdireck crió a su hija mayor. Además de hacerla vegetariana, la niña tenía una alimentación muy cuidada, incluso su señora mientras la esperaba se hizo toda una preparación y se vacunó homeopáticamente contra la tuberculosis y para limpiarla de enfermedades. Llegó a este método por una doctora y un francés especialista en medicina oriental, los que lo asesoraron en los cuidados necesarios.
Camila Pazdireck nació y fue criada en sus primeros años de vida con una leche que le preparaban especialmente: leche de arroz integral, 1/5 de leche de vaca, avellanas tostadas y molidas, leche de soya, endulzada con un poco de chancaca. Además la niña era alimentada principalmente a base de cereales, arroz integral y verduras. Nada de dulces, comida chatarra, ni gaseosas. El padre recuerda que “cuando la Camila tenía 2 años y medios fue a un cumpleaños, se comió un koyak y ella nunca había comido azúcar refinada, ni colorantes, amaneció enferma, le dio alergia y fiebre”. Hasta los 10 años aproximadamente la niña se mantuvo comiendo distinto al resto hasta que de a poco comenzó a hacer sus propias elecciones. Cinco años después del nacimiento de Camila nació Constanza, la cual fue alimentada igual que cualquier niño. Sergio al comparar la salud y el crecimiento de ambas es enfático en señalar “Camila nunca se enfermó de nada, mide 1,78 m, es seleccionada nacional de vóleibol. Constanza tiene 13 años se enferma mucho más, tiene problemas respiratorios, es más debilucha y sin conciencia de lo que come.”
SIN FANATISMOS
El doctor Boldrini piensa que la alimentación vegetariana tiene que ser muy cuidadosa porque se puede caer en fanatismos peligrosos. “Si entendemos como vegetariano el no comer carne o proteína animal, me parece sano. De hecho cada vez uno se encuentra más con niños que naturalmente tienen aversión a la carne, no les gusta. Aquí han llegado familias muy preocupadas con sus niños tratando de buscar tranquilidad porque son familias muy carnívoras, pero de repente un chiquillo de 6 años dice ‘no voy a comer más carne porque no quiero’, por no comerse a los animales, es una postura bien filosófica. La mamá se preocupa, sin embargo porque ese niño no la necesita y lo ha visto muy bien sin comer carne. Tiene sustitutos de eso si toma leche, come huevos y cereales, es decir tiene un aporte de proteínas que asegura su desarrollo y crecimiento nutricionales completos”.
Boldrini enfatiza que los niños pueden ser perfectamente ovolacto vegetarianos, pero no vegetarianos estrictos, ya que es fundamental que consuman leche y huevos, debido a que ambos alimentos son la fuente más valiosa para que obtengan las proteínas y vitamina B12 que necesitan para crecer y desarrollarse normalmente.
Aclara que muchos niños quieren hacerse vegetarianos por una postura de los papás y ahí hay que ver si es lo más adecuado para ese niño: “Los hijos de repente quieren comerse un tuto de pollo o estar con un pedazo de carne en la boca, si la necesitan tienes que darle... Hay algunos chicos que andan desanimados, con falta de energía, tienen que comer carne, ellos no están preparados todavía para eso”, afirma.
Recalca que todo cambio en términos nutricionales tiene que ser paulatino de lo contrario la persona o el niño se enferma. “Es distinto ese niño que dice que no quiere comer carne, que es como alma en pena, afectado, no aterriza, sin interés por la vida, somnoliento, no basta con darle fierro tienes que darle carne igual, hay que convencer a los papás que ese niño todavía no está listo para ser vegetariano”, dice el pediatra.
Continúa explicando que un chico está preparado cuando él mismo no quiere comer carne, no por una postura religiosa o filosófica de los padres. “Si la escupe y no quiere comerla o la masca y no se la traga ese niño puede ser vegetariano, eso es natural. Hay un camino que se va dando pero hoy hay muchos niños que ya vienen así, son los tiempos, hoy vienen con un nivel de conciencia mucho más amplio”, recalca.
MÁS CONCIENCIA, MENOS CARNE.
Ximena Padilla es ovolacto vegetariana, tiene dos hijos, Sebastián de 12 y Zoé de 9 años, a los cuales ha criado bajo el mismo método. “Yo me hice vegetariana por conciencia frente a los animales. Es rica la carne pero también es ‘rico’ comerse a una guagua. Uno puede vivir bien sin sacrificar animales. Primero partí comiendo sólo animales silvestres y de a poco te concientizas. Hasta hace un año comía mariscos y ya no. Mis hijos tienen un peso y un desarrollo normal, somos delgados por contextura... los llevé al dentista y él preguntó ¿son vegetarianos? Porque no tienen ningún problema en los dientes. Ser vegetariano también significa saber de nutrición y me fijo de que estemos bien alimentados. Mis niños nunca se han enfermado y me lo explico por el sistema de vida. Creo que es un proceso y si estás listo perfecto, es personal y si no, no”.
En cuanto a los estudios acerca del tema, hay muchos que afirman que es perfectamente posible criar niños vegetarianos, mientras otros hacen ver sus reparos. Al respecto Boldrini señala que la mayoría son tendenciosos y los resultados dependen de quien los encargó. Destaca algunas investigaciones que se han hecho sobre niños vegetarianos en Suecia y Alemania donde se ve que las enfermedades disminuyen notablemente y que los niños tienen un excelente desarrollo. Sin embargo también aclara que este es un sistema bastante caro porque si se aplica como debe ser habría que comprar verduras y frutas orgánicas, que son hasta cuatro veces más caras que las corrientes y comer sólo productos integrales y sin refinar (pan, tallarines, arroz, azúcar, etc.) los cuales también tienen un costo más elevado. Asegura que todavía no tenemos la cultura para eso ya que también la leche, huevos, quesos contienen antibióticos, insecticidas, hormonas y plomo. “Hoy el etiquetado en Chile aguanta cualquier cosa nadie controla que eso sea verdad o no... El azúcar rubia antes era de los pobres, valía la mitad, hoy cuesta cuatro veces más y le ponen colorantes para hacerla parecer rubia, hay una irresponsabilidad muy grande en eso”.
El pediatra sostiene que la medicina antroposófica tiene un arte muy grande para manejar el tema de alimentación. “Si tienes un niño que es gordito, torpe para moverse tienes que despertarle su metabolismo, darle alimentos que tengan mucho perejil, cilantro, ajo, cebolla, así le activas el metabolismo y le despiertas el nivel de conciencia. En cambio a un niño que es friolento, flacuchento, enfermizo, le tienes que dar mucho alimento integral muy rico en azúcar: cacao, chocolate; al otro no le puedes dar chocolate, más lo dispersas y hay que concentrarlo. En cambio el flaco está concentrado, es un niño que sufre, complicado, entonces hay un arte en cómo manejar estas cosas... La alimentación no es sólo saciar el hambre sino que darle al espíritu lo que necesita y a cada uno de acuerdo a sus características específicas, temperamentales y de actividad en que están en ese momento”.
Camila Pazdireck hoy tiene 18 años, ya no es macrobiótica ni vegetariana y come de todo. Dice que está feliz de haber sido criada así y que en algunos años más lo más probable es que retome ese sistema de alimentación y que sin duda alguna a sus hijos los criará bajo ese método.
Articulo enviado el Viernes, 08 de Febrero de 2008 y leido 72 veces.
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