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<title>WebMujer.net - Testimonios Mujer Actual - Web Mujer moderna . WebMujer.net Articulos para la Mujer de Hoy</title> 
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<title>La generación friends</title>
<category>Testimonios</category> 
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Más vale que entierre el viejo dicho de “te está dejando el tren”. En materia de solteros, Chile se está pareciendo a los países del primer mundo. Y no sólo porque la publicidad ya los está mirando con apetito, sino porque los que hoy tienen entre 25 y 35 años definitivamente no andan al ritmo del trabajo/ matrimonio/familia. Se toman la vida con placer, la profesión no lo es todo y quieren disfrutar al máximo lo que se presenta sin tener que asumir la responsabilidad de una esposa (o) y los hijos.


Por Loreto Aravena 

Hasta bien avanzada la década del ’90, el período en que Chile llegó a crecer a un ritmo del 7% y que por lo mismo se fue perfilando como un país “moderno”, tener 28, 29 ó 30 años sin haberse casado ni tener más compañía que un gato o un par de ficus era motivo de comentario en las reuniones de ex compañeros de colegio: “¡Oye! ¡Qué heavy que no se haya casado todavía!”. Las abuelitas o las tías viejas no lo hacían nada de mal a la hora del té: “¿Y usted cuándo se casa?”. 

No es para culparlos. Por décadas el cine, las novelas rosa y las teleseries - entre otros- han estado bombardeando el inconsciente colectivo con una serie de happy ends, con ideas como que toda historia de encuentros o desencuentros entre hombres y mujeres debe terminar en matrimonio. Y en ese sentido, qué más cierto que lo que señala el libro Los nuevos chilenos y la batalla por sus preferencias del ex asesor comunicacional de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, Pablo Halpern, respecto de las teleseries chilenas: “Cuando los protagonistas no se casaban, era porque se morían o porque optaban por los votos religiosos”. 

Ni siquiera lo que prometía la película El diario de Bridget Jones, un best seller llevado al cine y protagonizado por Renée Zellweger, pudo redimir a esos solteros que promediaban los 30 años: la gordita rubia que parecía arreglárselas bien viviendo sola, disfrutando de sus performances musicales en el living de su casa y viendo televisión los viernes en la noche, termina sucumbiendo a la sensación de soledad. Para remediarlo, el director del filme decide dejarla finalmente en los brazos del hombre ideal, que es tierno, guapo, sincero y que tiene un buen pasar. 

Hoy el asunto está cambiando. Gastar el sueldo en delicatessen, comprar ropa cara, coleccionar discos de avanzada, viajar por lugares exóticos, ahorrar para una futura casa, probar diferentes parejas hasta dar con la adecuada, hacer un posgrado y/o empatizar lentamente con la idea de ser padre o madre -por ejemplo, ensayando con los hijos de amigos o hermanos-, es lo primero. Mucho antes que el altar y que elegir un plan familiar en una isapre.

Iñaki Bilbao es arquitecto y ya tiene 31. Dice que hace ocho meses, cuando nació la hija de su hermana, fue la primera vez que pensó en ser papá. Pero al poco tiempo, las ganas se le pasaron. “No porque tenga algo en contra de casarme y tener hijos. Es sólo que por el momento tengo otras prioridades, como estudiar fuera, por ejemplo”. 

Este arquitecto que trabaja en la Fundación San José de La Dehesa -una que los monjes trapenses crearon para aprovechar los recursos de la venta de sus terrenos y cofinanciar proyectos de vivienda social- hace tiempo que viene dándole vueltas a la idea de hacer un doctorado en Barcelona, uno que tenga que ver con la arquitectura vernacular, la que nace a partir de materiales orgánicos y naturales. Y a futuro pretende vivir “sí o sí” en Puelo, un lugar ubicado a dos horas y media en auto desde Puerto Montt. Iñaki está enamorado del bosque nativo y de la vida rural. De hecho, este año pretende comprar un terreno con unos amigos en la zona y armar un proyecto de vida comunitario. 

“¿Y si aparece una mujer de la cual te enamoras y quiere vivir en Santiago?”. Lo complica la pregunta.“Chuta, no sé… trataría de convencerla. Pero es difícil que deje de lado mi proyecto de vida”. Un buen ejemplo de que algunos solteros quieren disfrutar su autonomía, pero, a la vez, no dejar pasar la oportunidad de formar una familia. 

Según las cifras del Servicio del Registro Civil e Identificación, los matrimonios civiles cayeron en un 38% durante la última década y la edad promedio de quienes se casan es cercana a los 30 años. Un fenómeno que hasta el momento sólo se daba en países primermundistas. Por ejemplo, en Francia, la edad en que una mujer se casa ronda los 30 años. En Australia, casi un tercio de las mujeres entre los 30 y 34 años está soltera. En Estados Unidos, entre 1985 y 2000, la cantidad de féminas que vivía sola se incrementó en más de 33%. Y durante el mismo período, el porcentaje de japonesas de 20 años y solteras escaló en un 20%. 

Si bien el común de las mujeres chilenas no sigue los mismos pasos que sus pares francesas y menos aún el de las japonesas, es cierto que los años de bonanza vividos por el Chile de los ’90 están dando paso a una nueva estructura social. Según el director ejecutivo del Centro Avance, el sociólogo Antonio Cortés Terzi, el mayor poder adquisitivo del ciudadano promedio desató una suerte de “orgía consumista, en la que se disfruta festivamente del acceso a mayor cantidad de bienes y cuyo resultado debería ser una mejor calidad de vida. 

Y eso se nota -entre otros planos- en esta juventud soltera que estamos viendo multiplicarse hoy. Estos jóvenes no son identificables como una generación determinada: no tienen un solo ídolo musical, sino varios; no hay actores indiscutidos, sino una gran heterogeneidad de ellos y no luchan por alguna causa, sino que tienen una personalidad más factual: ellos ‘son’ y ‘hacen’.

Para el sociólogo, esto es un claro aviso de que la modernidad llegó a Chile para disolver el conservadurismo y dar paso a nuevos estilos de vida. 

Ser soltero no es lo mismo que ser solterón. Y tener 30 años hoy no es lo mismo que haber tenido 30 hace 40 años. Para ese entonces, un hombre y una mujer ya tenían el clan familiar armado. Actualmente, a los 31, a los 32 y a los 33, todavía se es joven, porque la vida se ha prolongado hasta los 70 años promedio. 

Cortés Terzi dice que la soltería es tal cuando todavía se anda “vitrineando” y pensando en la cantidad de opciones que existen para “ser”. “Estos jóvenes son unos hedonistas, pero en el buen sentido de la palabra”, dice el sociólogo, “es decir, disfrutan al máximo de lo que se les presenta, ya que no tienen que asumir grandes responsabilidades”. En cambio, él dice que se es solterón, cuando la persona debe optar por un estilo de vida que, por problemas de cálculos etarios, no ofrece muchas opciones. “Es como lo que sucede con los políticos. Si a los 40 años alguien se da cuenta que se interesa en la política y no ha militado en un partido, difícilmente será diputado o presidente”. 

Romina Prieto (29) es soltera, no solterona. Uno, porque a pesar de que no tiene en mente el matrimonio todavía (eso, a pesar de tener pareja), no duda que algún día formará una familia. Y dos, porque a pesar de que siempre ha tenido claro que lo suyo es el diseño gráfico (dos años después de egresar de Inacap partió a Nueva York a estudiar Dirección de Arte en la Parsons Shool of Design), no descarta viajar un día a un lugar donde el trabajo y la plata no sean lo más valorado. Actualmente, es directora de arte en el Departamento de Diseño de la empresa de publicidad Prolam Young & Rubicam y, a pesar del compromiso con su oficio, no deja de lado su tiempo libre: en la semana va al cine o inventa salidas con sus compañeros de trabajo y, de vez en cuando, le gusta sentarse en su living a fumar un cigarro o tomar una copa de vino. Durante los fines de semana, no perdona la visita a la casa sus papás, donde se siente en el spa ideal: “Me hacen cariño, como rico, duermo siesta, veo TV cable y dejo caer la ropa en la lavadora para que después salga con rico olor”. 

A Cortés Terzi le resulta difícil tildar de “egoísta” a ese grupo etario ubicado entre los 25 y los 35 años, que optó por no casarse y dejar los compromisos “serios” en stand by. Dice que son jóvenes que crean un mundo propio, uno que no va acompañado de mucho discurso. Pero hay algo que al sociólogo sí le preocupa de estos solteros: los valores que la economía de libre mercado les hereda y que van orientados a hacer plata tempranamente, a vulnerar la valoración del mérito y a priorizar el éxito rápido. 

Pero ejemplos como los de Bárbara Ríos (30 años, es ejecutiva de cuentas de la agencia Leo Burnett Chile) vuelven a insistir en este cambio que exhiben los treintañeros: se fue de la casa, porque consideró que ya no estaba en edad para que la mamá le dijera que se abrigara antes de salir; porque le atraía la idea de batírselas sola en un departamento, aunque éste fuera de 50 metros cuadrados; porque quería hacer una organización más antojadiza de su agenda y deseaba decorar su espacio como siempre lo había soñado. Bárbara quería dejar de ser “la Barbarita”, averiguar lo que era estar sola y probar si “se la podía”. 

Se la pudo. Hace un año que vive sola y dice que se siente cada vez más atractiva. “Te puedo asegurar que hoy la mayoría de los hombres prefiere una mujer con inquietudes intelectuales, autosuficiente y despierta”, dice. Y es algo que tiene mucho sentido para la directora de planificación de la empresa de publicidad McCann-Erickson, Maribel Vidal. Según ella, desde que la mujer empezó a asumir un rol protagónico dentro del esquema laboral, liberó a los hombres de “esa carga atroz que significa mantener una casa. Esto se volvió tremendamente interesante para el sexo opuesto”. 

Existen dos tipos de solteros: los que se quedan en la casa de sus padres y los que se van a vivir solos. Juan Ignacio Readi, es de los primeros. A pesar de que vivió solo durante un tiempo, hoy, después de haber estado dos años en un templo krishna, volvió a la casa de su papá, con quien se lleva muy bien. Su razón para ser soltero es diferente a las de los ejemplos anteriores: siempre se ha caracterizado por estar más solo que acompañado. “Hay personas que van de pololeo en pololeo. Bueno, a mí me pasa lo mismo, pero a la inversa. Me gusta estar solo y pololear de vez en cuando”. 

La teoría que maneja el sociólogo Antonio Cortés Terzi sobre la soltería del siglo XXI es válida tanto para los que viven en la casa de sus padres como para los que buscaron su propio espacio. Mitad en broma y mitad en serio, dice que los matrimonios se sucedían uno tras otro en su época (años ’60), por la urgencia que tenían las parejas de tener relaciones sexuales sin que nadie los tildara de inmorales. Hoy día, tener independencia económica a los 25 años, vivir solo y ser sexualmente activo son razones que bastan para que muchos jóvenes se decidan a convivir con alguien o para “probar” hasta encontrar la persona adecuada. Para quienes optaron por la soltería, estos no son tiempos para darse cuenta, una vez casados, si son sexualmente compatibles con su pareja. 

El censo del 2002 reveló que un 11,5% del total de hogares, corresponde a personas que viven solas. Aunque esta cifra no distingue a los que son solteros, viudos, anulados o separados de hecho, es un hecho que los que prefieren irse a vivir solos antes de formalizar una relación van en aumento. Entre 1992 y el 2002, el número de viviendas unipersonales en Chile creció un 3,3%. 

Para el arquitecto, magíster en Diseño Urbano y doctor en Gestión Urbana de la Universidad de Harvard, Pablo Allard, la venta de departamentos pequeños en Santiago-Centro ha vivido una explosión. Un asunto que puede explicarse por el subsidio de 200 UF que entrega el ministerio de Vivienda y Urbanismo, pero también por el aumento de la corriente de la soltería. Esto se está dando mucho en las inmediaciones de Portugal, San Francisco, Santa Isabel y Bustamente, entre otras cosas, porque los solteros que deciden vivir ahí cuentan con mayor oferta cultural. 

Allard dice que dentro de todos los alrededores que trataron de potenciarse como “dormitorios” con ofertas culturales a la vuelta de la esquina, Bellavista fue el que menos logró despegar. No así el barrio Brasil, donde se ha ido conformando una especie de comunidad que ha adoptado la cultura de la soltería. Providencia, con sus bares y cafés, se convirtió en el lugar preferido de los profesionales jóvenes que valoran la seguridad, las áreas verdes y, sobre todo, el estar en medio de “lo urbano”. Ñuñoa permaneció vigente por la oferta de panoramas que ofrece su gran plaza y el Bosque Norte no ha decaído desde que se gestara como el lugar que prefieren los hombres de negocios. La mayoría de ellos trabaja muy cerca y dado lo holgado de su bolsillo, han proliferado los cafés de estilo europeo, los restaurantes de calidad y los gimnasios de marca. 

A pesar de que Chile no es reconocido como un país de solteros, es un hecho que el mercado se ha ido adaptando a sus necesidades. Si bien los alimentos congelados siguen siendo para un mínimo de cuatro personas, de que la mayoría de los paquetes vacacionales son para grupos familiares o para parejas y de que aún faltan muchos lugares que funcionen como puntos de reunión y de conversación para los jóvenes solteros, las empresas publicitarias están constantemente atentas al crecimiento que ha experimentado este sector. “No por nada se han creado una serie de productos financieros únicamente destinados a personas que no se han casado y artículos de belleza que eliminaron definitivamente la palabra ‘arrugas’ de sus discursos. Ahora sólo se venden cremas hidratantes y nutritivas para el paso de la edad”, dice la publicista de McCann-Erickson, Maribel Vidal.]]></description> 
<link>http://www.webmujer.net/testimonios/tendencias/1437_La-generacion-friends/</link> 
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<title>La princesa y el rebelde</title>
<category>Testimonios</category> 
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Alain Delon y Romy Schneider, la pareja de novios más guapa de los años ´60, vivieron una historia de amor larga y tormentosa, que no llegó a buen puerto. Cuando la pasión se acabó, Romy, la actriz adorada, la mujer enamorada que se lo jugaba todo en cada relación, quedó marcada trágicamente para siempre.


Javier Riojo. Derechos exclusivos de El País

Romy Schneider y Alain Delon fueron la pareja ideal del final de los años ´50, de las primeras modernidades de los ´60. Un noviazgo que duró cinco años y una amistad que nunca se consumió. Demasiado guapos para los de la nouvelle vague, demasiado atrevidos para los fans de las ternuras de Sissi, demasiado jóvenes para el matrimonio y demasiado famosos para pasear su amor bajo los puentes del Sena. Eran demasiado. Creían que lo importante era amar. Aún no sabían que la canción de su historia la acababa de escribir Brassens: no hay amores felices.

Alain Delon había nacido en un pueblo, Sceaux, en noviembre de 1935, todavía en una Francia orgullosa y democrática. Hijo de una familia rota, el pequeño Alain pronto conoció expulsiones colegiales y tormentas familiares. Casi adolescente fue paracaidista en Indochina, después trabajó descargando en el mercado de Les Halles, de París. Conoció las peleas, amó el boxeo y los amores mercenarios. Era guapo, desordenado, seductor, amante de las motos y de vivir al final de la escapada. Llegó al cine por casualidad y no tardó demasiado en convertirse en una estrella. Su vida amorosa está llena de conquistas. De amores públicos, de amantes secretas; de mujeres famosas, hijos, separaciones, encuentros y desencuentros. Cuando Romy murió, Alain confesó que ella representaba 24 años de su vida y su corazón. Ahora se acerca a los 70 años y sigue siendo un maduro seductor.

Romy Schneider nació en la Viena ocupada por los nazis, en septiembre de 1938, en una familia de famosos artistas de cine y teatro. Creció con la guerra en las calles y con la guerra de casa entre sus padres. Estudió en buenos internados; era una hermosa niña, aplicada y fotogénica. La pequeña Romy había heredado la capacidad de estar con naturalidad en un plató, en un teatro. A los 15 años se convirtió en una de las caras más conocidas del cine europeo. A los 17 ya era la imagen de una emperatriz que la hizo famosa en el mundo entero. Parecía condenada a ser Sissi, una dulce y romántica princesa. A los 18 años recién cumplidos se tropezó en el cine y en la vida con un joven actor, un principiante francés llamado Alain Delon. El azar se encarga de unir a los contrarios. Su amor transformó sus vidas.

El primer encuentro fue un desastre. Romy –con su madre, Magda, como carabina– llegó al aeropuerto de Orly. Allí les esperaba el joven casi desconocido que sería su compañero en la película Christine, una versión de la obra de Arthur Schnitzler Liebelei. El joven Delon estaba a pie de la escalera. Romy miró con interés a aquel joven perfectamente vestido, con corbata incluida; bien peinado, guapo, muy serio y con un ramo de rosas rojas. Ella no hablaba francés, él no hablaba inglés. A ella le pareció un raro inquietante; a él, una adolescente guapa, cursi y con madre. No se entendieron. La carabina-madre de Romy tampoco quiso hacer nada para que aquellos dos hermosos jóvenes se comunicaran. 

Los días siguientes fueron a peor. Él ya no era el joven formal y elegante del aeropuerto. Ahora era un joven salvaje. Voluble, desconfiado, despeinado, descamisado, impuntual y con algo de impenetrable. Un golfo guapo, algo tenebroso, tirando a mal educado y pensando siempre en sus escapadas en moto. Delon se movía en las antípodas del mundo que hasta entonces había rodeado a la joven vienesa. Las primeras semanas del rodaje no mejoraron las relaciones, los desencuentros eran casi insoportables. Estaba pasando algo, los dos jóvenes se odiaban demasiado.

Todo cambió en un tren camino a Bruselas. Los dos actores viajaron solos, debían acudir a una importante cita anual del mundo del espectáculo, el Baile del Cine en Bruselas. Por primera vez hablaron sin peleas. Ella había aprendido un poco de francés, él estaba seducido por la sonrisa de aquella niña bien. Tenía que rescatarla de la familia. Había que inocular un poco de rebeldía, un punto de fuga en aquel mundo de violetas imperiales y valses de salón. Bailaron una, dos, tres, muchas veces. Cada vez más juntos; cada baile más divertidos, más cómplices. La familia de la actriz se inquietaba desde la seria mesa de los alemanes en la fiesta. La niña se estaba pasando la noche al lado de los franceses. Sobre todo, al lado del guapo e informal Alain. Ella sintió que la rebelión le sentaba bien, que Delon era un peligro muy apetecible. Adiós, Sissi. Buenos días, Romy.

El rodaje se convirtió en otra cosa. El amor podía ser una cosa loca, pero era divertido. Al terminar la película, ella tenía que regresar a Colonia. Allí le esperaba su vida burguesa, tranquila, familiar, con sus paseos, sus cartas de admiradores de Sissi, sus autógrafos, sus estudios de nuevos papeles para la saga de la romántica emperatriz… Fue valiente, se imaginó su futuro y se dio cuenta de que quería decir adiós a todo eso. Ella prefería sus escapadas con Alain, sus fugas por las noches de París y su recién descubierto desorden amoroso. Le gustaba aquel “joven inconveniente”, aquel “ordinario”, en palabras de su familia. Esa misma noche reservó vuelo a París, llamó a Delon y le dijo: “Alain, soy Romy. Estoy en París, en el aeropuerto, si quieres puedes venir a buscarme”. Nada pudo parar ya a los dos hermosos y libres enamorados. París era divertido, libre y nocturno. París era su fiesta. Nada pudieron hacer las llamadas de su madre, de su padrastro, de sus agentes. Romy había matado a la sumisa Sissi.

Eran la pareja de moda, la prensa los seguía, ellos no disimulaban sus amores libres. Eran los tiempos de la canción francesa, de no arrepentirse de nada, de no creer en el matrimonio. Después de l’amour l’aprés midi, de las noches y los amigos, estaban los trabajos y sus días. Las cosas iban mejor para Alain. Estaba en su terreno; era el conquistador, el chico de moda, el gran deseado. Ella era la traidora para los alemanes, la frívola que decidió ser francesa, la rebelde sin causa. Era lo contrario de una niña bien. Se había convertido en lo contrario de todo lo que había representado. No domina el francés y nadie la llama para trabajar. Y, evidentemente, no puede volver a Alemania. Delon trabaja, ella espera. Delon triunfa, ella espera. Se siente enamorada e insegura, feliz e inestable, acompañada, pero celosa. Es la vida elegida, el hombre deseado y la ciudad querida. No se puede quejar, no lo hace. Han pasado unos meses viviendo al margen, el arrebato amoroso se va domesticando, llegan los hábitos y los ritos.

Nunca se hubiera imaginado la nueva Romy que Alain dijera sí a la fiesta que su familia propuso para la prensa. Un encuentro para la galería; una reunión, con paparazzi incluidos, para hacer oficial su noviazgo. La convocatoria es en la villa Morcote, al lado de Lugano y por invitación de la familia Schneider. Es el 22 de marzo de 1959, y esa misma mañana la propia Romy desconfiaba de que su amante –el rebelde, el antiburgués, el contrario a las tradiciones– quisiera prestarse a una fiesta pública de compromiso. Pero Alain se presentó. Encantador, bien vestido; amigable con su madre, con la prensa, con los fotógrafos. Ella, que dijo adiós a las convenciones, se ve una vez más en medio de convencionalismos. En las fotos de aquella fiesta se les ve felices, enamorados, pulidos y relajados. Sin embargo, algo se está transformando en ellos. Los dos han dejado esa tarde alguna parcela de su libertad.

La vida sigue; el amor se adapta, se acostumbra, y los celos no paran. Ahora es un hombre el centro de los celos de Romy, Luchino Visconti. El director italiano está encantado con Delon. Alain está fascinado por la cultura, la inteligencia y las formas del aristócrata de izquierdas, del director que le ha dado uno de sus grandes papeles en Rocco y sus hermanos. Es el actor de moda: el mismo año ha rodado A pleno sol, de Clément, y el bello Delon ha demostrado que, además de una estrella, se puede ser un buen actor. Romy ha pasado de ser una estrella a ser la joven novia de Delon. La pareja no vive sus mejores momentos.

Estamos en el año 1961. Delon sigue en la cumbre. Visconti no le quiere perder de vista y le ofrece ser protagonista de una obra de teatro de John Ford, Lástima que sea una puta. Hace falta una actriz. Delon quiere que se conozcan mejor él y Romy; sabe que su novia tiene que trabajar, tiene que terminar con sus fantasmas y su aislamiento. Romy nunca ha trabajado en el teatro, no le parece que su francés sea el adecuado para la actuación en directo. Pero entre los deseos de no defraudar a Alain y los razonamientos de ese otro seductor que era Visconti, la convencen para volver al trabajo. Acepta el reto. Se prepara minuciosamente, lucha contra su acento alemán, se sumerge en su personaje, y además consigue estar al lado de su enamorado. El morbo de la pareja protagonista, la dirección de Visconti, la obra de Ford, hacen que sea el estreno más esperado de la primavera parisiense de 1961. Todos querían ver al guapo Delon y a la hermosa Schneider, que estaba deseando dejar en el olvido definitivo su imagen de aristócrata bailando el vals. Entre el público se encontraban Ingrid Bergman, Anna Magnani, Jean Marais, Jean Cocteau, Curd Jüngers, Shirley MacLaine, Michelle Morgan, los críticos, los directores teatrales, actores, amigos, familia. Romy se jugaba mucho aquella noche. Ante sí misma, ante su enamorado, ante el tierno y duro Visconti –al que tanto amaba ahora, después de haber sufrido su dureza como director– y ante los que no daban un duro por ella. Triunfó. Sedujo, la adoraron, por encima de Delon, de Visconti y de la propia obra. Aquella noche cambió su rumbo. Ya no era solamente la novia de Delon. La prensa se puso a sus pies, la crítica la elogió, todos alabaron su trabajo de actriz. Su tesón y su esfuerzo habían ganado la batalla.

La dulce vienesa había demostrado ser una actriz dramática. Cocteau le mandaba rosas y deseaba frecuentarla en las noches del París intelectual y divertido. Coco Chanel se hizo su amiga. Visconti se convirtió en su protector y confidente. Alain estaba orgulloso de su novia. Todo demasiado primaveral. No había drama. Trabajó con Visconti en el episodio de Boccaccio 70. Alain seguía triunfando. En aquellas fechas rodó El gatopardo, con Visconti, y El eclipse, con Antonioni. A ella empezaron a llamarla para el cine, para el teatro –en el que, una vez más, demostró su capacidad con La Gaviota, de Chéjov–. Orson Welles la convenció para un pequeño gran papel en El Proceso. Las cosas habían cambiado. 

Profesionalmente estaban en su mejor momento, pero en su vida privada algo había cambiado. Ya no eran la inocente y el insumiso, la liberada y el tentador. La pasión de aquella pareja que enamoró al mundo ya no era la que fue. Algo comenzó a romperse entre ellos, sobre todo en Alain. Aparentemente todo seguía igual, pero el amor ya no era aquella fuga divertida de casi todo, de casi todos. Después de que Otto Preminger se quedara encantado con la actuación y la belleza de Romy en El Cardenal, Hollywood empezó a tentar a la actriz: querían hacer de ella una estrella. Ahora se sentía más segura. Podía crecer en el cine internacional, ser estrella sin dejar de ser actriz. Aunque lo que más deseaba era mantener su pareja, a pesar de los viajes, las distancias, los rumores. A pesar de las bajadas de la pasión. Sí, ella, la mujer enamorada, la novia, la mujer de uno de los hombres más atractivos del cine, todavía creía en los cuentos románticos, todavía pensaba que los finales felices son posibles.

Habían vivido el amor como una huida. Escapados de casi todos, atrapados por su propia juventud, había algo inestable en ellos, en esa pareja que ya era conocida como los eternos novios. Ella seguía fiel, enamorada, atrapada al hombre que cambió su destino; él había comenzado en secreto sus escapadas. Ella estaba en Hollywood, él paseaba por París con una joven llamada Nathalie. Ella, en Beverly Hills; él, en la Costa Azul. Ella, trabajando con el casto Jack Lemmon y con el duro Edward G. Robinson en Préstame tu marido, en Los Angeles; él, en Madrid, sin disimular ya su historia con Nathalie Barthelemy. Estaban en la capital española para rodar El tulipán negro. Me recuerda el ayudante de dirección, Roberto Bodegas, que cuando fue a buscar a la pareja Delon y Nathalie a Barajas le parecieron hermanos. Vestidos informalmente, sin prejuicios, simpáticos, guapos y felices. Como una pareja en viaje de novios, como unos amantes en vacaciones. Bodegas les preguntó si querían discreción, huir de fotógrafos, ocultarse… No tenían problemas. Lo suyo ya era público. Estaba claro para todo el mundo, menos para la enamorada Romy, que seguía haciendo películas y dinero en Hollywood. Hasta allí llegaron las fotos madrileñas de Delon con su nueva acompañante. Ella no quería ver la realidad. No se imaginaba su vida sin Alain. Hablaron por teléfono. El valiente Delon se comportó como un cobarde, como un burlador de las evidencias. Negó todo, aseguró que eran montajes, exageraciones. Ella quería creer y creyó. Tenía fe, estaba ciega; entre los celos y el amor no le dejaban ver la realidad. Además, Delon se presentó de visita en Hollywood. Seguramente pensaba contarle la verdad de su historia de amor con Nathalie. No pudo. La muchacha sonriente, la celosa Romy, había recobrado la alegría, la ilusión del amor, cuando su novio se presentó en Beverly Hills.

Pasaron el fin de año de 1963 en Roma. Delon disimuló, negó una vez más su nuevo enamoramiento. No era fácil contar la verdad, enfrentarse con aquella mujer enamorada, tan fuerte y tan débil, tan segura de su futuro juntos. El invierno romano sería el último viaje de aquella pareja que había seducido al mundo. El último viaje de los eternos novios. Ella volvió a Hollywood, él volvió a Nathalie.

El amor empezó a golpes y terminó de un puñetazo. Al volver ella a California, él hizo públicas y oficiales sus relaciones con Nathalie. Cuando ella leyó aquello volvió a dar la espalda a la realidad, pensó que otra vez eran los mismos renacidos rumores. Alain se lo había desmentido. Aquello que decían las revistas no podía ser cierto. Alain no contestaba a sus llamadas –¡estaría fuera!–, no respondía las cartas –¡estaría muy ocupado!–. Todo menos aceptar esa sensación de abandono, de desamor. Recordaba la soledad que había sentido cuando su padre se separó de su madre, cuando desapareció de su vida. Pero el de ahora era un dolor diferente. Un dolor del corazón y de todo el cuerpo. No, su cabeza rechazaba lo evidente. La duda, los celos llenaban sus días de estrellato americano. Llamó su agente, y también el agente de Alain, Georges Baumes; le pide explicaciones. No se las quiso o no se las pudo dar. Pretende hablar con Alain y se niega a pasar la llamada. Romy no puede disimular más. Se siente frágil, engañada, sola. El dolor no es nuevo. Pero el abandono del desamor, sí. No puede soportarlo.

Vuelve a París, a la casa donde la pareja ha sido feliz, a su hogar de la avenida Messine. Todavía tiene alguna débil esperanza. Al entrar siente un vacío, pero se anima cuando sus ojos tropiezan con un ramo de flores. Otra vez rosas rojas, como el día que se conocieron; es posible que todo haya sido una aventura, una pequeña escapada por la lejanía. Las rosas tienen que ser un mensaje de Alain. Hay un pequeño sobre. Dentro, una carta, apenas unas letras. Unas palabras estúpidas, frívolas, vacías. Unas cuantas palabras para explicar lo inexplicable: “Estoy en México con Nathalie. Mil cosas. Alain”. Todo se había terminado. No era posible. No entendía nada. No había mayor violencia que ese adiós sin mirarse. Sin palabras. Unas letras que no quería entender, que no quería aceptar. Estaba perdida, enajenada, acobardada y sola. Era verdad, aquella canción tenía razón. No hay amores felices.

Pasó meses sufriendo. Silenciosa, como muerta. De repente, nada tenía sentido. Se sentía fracasada, sin salida. Había roto las amarras con su familia, con su país; ahora era una mujer sola, una mujer joven que no sabía qué hacer. No hacer nada. No pensar. Sentir el fracaso, el dolor de vivir. Tampoco podía odiar. Y menos, odiar a su gran amor. Estaba sola y en una casa vacía. Ese fue el primero de otros muchos días de sufrimiento en una de las mujeres más hermosas del cine. Muchas veces pensó que lo importante era amar. Amó más veces, perdonó siempre.

Unos años después, también en Madrid, volvió el amor para Romy. Estaba rodando con Jules Dassin Diez y media de la noche, en verano. Al lado de Melina Mercury, que era la coprotagonista y mujer del director. Madrid no le traía buenos recuerdos, pero ya tenía la voluntad de olvidar, de renacer, de divertirse. Poco antes había tenido una aventura con Serge Reggiani. Un poco después del gran dolor, del renacido dolor que sintió cuando Alain y Nathalie tuvieron a su primer hijo, Anthony. Ahora se encontraba en España, con amigos, con trabajo, con ganas de olvidar y con el corazón un poco más abierto. Esperaba la visita de un director de escena alemán, de un hombre interesante, intelectual, casado y enamorado a primera vista de Romy, Harry Meyen. Se vieron en Madrid. Comenzó la ilusión de otro amor. Romy ayudó económicamente a Harry para su divorcio, se casaron, tuvieron un hijo, David. Otra vez el sueño de la felicidad era posible. Su hijo se convirtió en el gran amor de su vida. El amor que todo lo sustituye. El que la justificaba de otros abandonos, de otros desamores.

Un día, años después, recibe una llamada de Alain. Le propone rodar juntos una película. Un filme que sería importante en sus carreras, La piscina. Una película que seguimos asociando a una pareja que ya no lo era. Una película que tiene, más allá de escasos méritos cinematográficos, la carga erótica que tuvieron esos dos grandes mitos europeos. Entonces, la película era, sobre todo, los amantes reencontrados y todo el morbo de esa carnalidad de los todavía jóvenes que habían vivido una gran historia de amor y desamor. Es posible que volvieran a ser amantes en los tiempos del rodaje, pero lo que es seguro es que a partir de La piscina fueron grandes amigos hasta la muerte de la actriz.

El matrimonio de Romy fracasa, pero el cariño de David todo lo tapa… Casi todo. Romy se volvió a casar con su secretario, Daniel Biasani, y tuvo a su hija Sarah. Fue razonablemente feliz y dramáticamente desgraciada. En su madurez hizo algunas de sus mejores películas, La muerte en directo y la inolvidable Lo importante es amar. Otra vez se separó, tuvo amores, Jacques Dutronc entre otros. Nada de lo que pasaba era capaz de tapar algo trágico que crecía alrededor de esta mujer hermosa y desdichada. Se suicidó el padre de David, Harry, su primer marido. David, su hijo, su amor, tuvo una de las muertes más trágicas que se puedan imaginar. Aquel día comenzó la primera y fatal muerte de Romy Schneider. Apenas 10 meses después, el 29 de mayo de 1982, después de una temporada en el infierno acompañada de drogas y alcohol, después de haber intentado olvidar lo inolvidable, de rodar su última película, La passante du Sans-Souci, Romy, fatigada de la vida, incapaz de seguir sufriendo, dice adiós para siempre. Antes ha dado un beso a su hija, que dormía. Después, en la soledad de su habitación, en su cama, en compañía de una botella de vino y una caja de barbitúricos, descansa de sus amores y sus desgracias.

El primero que acudió a su casa fue su eterno novio, Alain Delon. No quiso estar en el entierro. Todavía hoy dice que Romy fue el amor de su vida. Su mejor sonrisa.]]></description> 
<link>http://www.webmujer.net/testimonios/grandes-historias-de-amor/1349_La-princesa-y-el-rebelde/</link> 
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<title>"me duele"</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[Es normal pensar que ellos nos mienten y a quién engañamos si nosotras también lo hacemos. La diferencia está en que las mujeres tenemos una capacidad innata de poner cara de perrito arrepentido que nos permite engañarlos sin que sospechen, en contraste con ellos que muchas veces dejan en evidencia sus mentiras con gestos delatores.
Además nosotras no mentimos por placer, si no con el objetivo de ocultar información que puede dar pie a una pelea y que normalmente tiene su origen en el tema de los ex. De hecho, no les hace daño contarles sólo una parte de la verdad para que crean que somos mejores de lo que ellos piensan.

Si hiciéramos una lista de las falsedades más comunes, de seguro su extensión daría la vuelta al mundo. Hay muchas y existen algunas que son dignas de recordar. El resto continuará siendo un secreto que sólo nosotras conocemos. Por lo tanto, si un hombre lee esto, lo siento, pero sólo develaremos algunas de las frases más comunes que les decimos.

“Me duele…”
Esta falacia, sin duda, ocupa el primer lugar a la hora de hacer un ranking. Más que una mentira, es una frase cliché que muchos hombres escucharon alguna vez en su vida, ya que constituye la alternativa perfecta cuando lo que se busca es obviar un momento de intimidad. 

Cada vez que una mujer dice “no quiero, porque me duele…”, (cualquier parte del cuerpo) lo que realmente quiere decir es: “No quiero regalonear, porque estoy bien así”. No es que los dejamos de querer, lo que pasa es que en ese momento no tenemos ganas de intimar.



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<link>http://www.webmujer.net/testimonios/tendencias/929_me-duele/</link> 
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<title>Experiencia maravillosa (diabetes gestacional, bebé grande)</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[Exceptuando algunos vómitos en la mañana y una diabetes gestacional tuve un embarazo maravilloso. Mi doctor me dijo que debido a la diabetes gestacional, existía la posibilidad de que nuestro bebé fuese grande. Ordenó un segundo ultrasonido a las 35 semanas y media. El técnico nos dijo que el bebé tenía 8 libras y 12 onzas. Mi marido y yo no podíamos creerlo en vista de que aun faltaban alrededor de 5 semanas para el parto. Tenía cita con el doctor la semana siguiente y este me examinó y vio que tenía 2 centímetros de dilatación . Nos emocionamos al pensar que el bebé llegaría pronto. 

La semana siguiente comencé a notar una descarga. No estaba segura si era líquido amniótico u orina. Decidí vigilar los acontecimientos. A la mañana siguiente decidimos llamar al doctor. Nos dijo que fuéramos a hacernos un chequeo. Eso nos desanimó. Luego nos enviaron a casa diciendo que no era líquido amniótico ni que tampoco era orina, no sabían lo qué era. Estábamos muy frustrados. 

Para el lunes (2 días después) todavía tenía descarga. Fui a mi trabajo donde estuve el día entero y como el síntoma continuaba tomé algunas muestras . Fui a casa esa noche y salí con mi marido a hacer las compras para el cumpleaños de su hija que era al día siguiente. Llegamos a casa, cenamos y después nos acostamos. Estaba tan agotada enseguida me quedé dormida. Cerca de las 2:00 mañana me desperté con un dolor de acidez estomacal. Tomé mis dos pastillas antiácidas con agua. No podía dormir y me puse a ver la TV. Mi marido estaba dormido al lado mío. De repente, sentí que se me salía un chorro. Nunca me olvidaré de esa sensación. Me quede allí por un minuto y me preguntaba si eso era lo que pensé que era. Finalmente desperté a mi marido, era cerca de las 2:30 a.m. Él saltó de la cama y comenzó a caminar de un lado a otro, creo que estaba más nervioso que yo. 

Mis contracciones comenzaron cerca de las 3:30 de la mañana. Me bañé, mi marido puso mis bolsos en el coche y nos fuimos al hospital. Tuve tres contracciones en los diez mitutos entre la casa y el hospital. Mi marido se llevaba los semáforos para llegar a tiempo, el pobre creía que yo iba a parir en el carro. 

Llegamos al hospital y enseguida me pusieron en un cuarto. Me cambié, entregué las muestras de orina como es habitual, y me conectaron a los monitores. 

Realmente no tuve una transición. Los dolores del parto llegaron rápidos y fuertes. Llegué a los 6 centímetros antes de que me dieran una epidural. Los dolores parecían calambres severos de la menstruación. La epidural era una cosa maravillosa. Por lo menos podía descansar hasta que llegara el momento de empezar a pujar. Pujé por alrededor de una hora antes de que entrara mi doctor. Entonces empujé por otros 20 o 30 minutos más hasta que salió Jacob William Brannan de 9 libras, 7 onzas, era el 4 de mayo de 1999 a las 3:36 p.m. Mi marido y yo no podíamos creer lo el tamaño que tenía. Pienso que todo el mundo quedó sorprendido. Marcó doble 9 en su apgar. Tuve una episiotomía un rasgón horrible pero nunca sentí dolor. Solo presión. 

En la conclusión, el embarazo, la experiencia del parto, la enfermera y mi doctor fueron maravillosos. Jacob es absolutamente la cosa más hermosa que he visto y es el mejor bebé. ¡SIEMPRE ALEGRE! Puedo decir honestamente que él es lo mejor que he hecho.
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<link>http://www.webmujer.net/testimonios/mamas/826_Experiencia-maravillosa--diabetes-gestacional--bebe-grande-/</link> 
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<title>¿quién manda en casa? lo que tu digas, mi amor</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[

Las mujeres están en las grandes decisiones: cómo y dónde invertir, qué casa comprar. También en la frecuencia de las relaciones sexuales, cómo cuidar a los hijos y hasta qué ropa usará el marido.
Mónica Rojas R. 

En casa, las decisiones las toman ellas. Puede parecer conocido, porque hace cincuenta años las abuelitas nuestras también las tomaban, pero tenían más que ver con las áreas netamente domésticas. Hoy, las decisiones que ellas adoptan están relacionadas con lo doméstico y con lo externo, con las pequeñeces del diario vivir y con las grandes responsabilidades. En ámbitos como finanzas y compras de bienes, el hombre sigue teniendo mucho que decir. Sin embargo, es común que hasta ellos admitan que no deciden sino hasta consultar con sus mujeres. A través del ambos -término que los define actuando como pareja, conjuntamente-, la mujer va ganando terreno en la toma de decisiones que hasta no hace mucho competían sólo al hombre. Influyéndolo o decidiendo con él. Sumando y sumando, el peso de las responsabilidades hace que la balanza se cargue hacia el lado femenino. Y la tenemos determinando el colegio de los niños, la ropa que se compra el marido, el tipo de casa que se adquirirá, el lugar de las vacaciones, el médico que los atenderá, el servicio doméstico que contratará, el método anticonceptivo que se utilizará y hasta la frecuencia de las relaciones sexuales. Porque en esto último, él pide o exige. Pero ella abre o cierra el paso.

Así, directa o indirectamente, decide.

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<link>http://www.webmujer.net/testimonios/tendencias/798_-quien-manda-en-casa--lo-que-tu-digas--mi-amor/</link> 
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<title>Niños vegetarianos, ¿niños sanos?</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[
Problemas de crecimiento, contextura y desarrollo podrían tener los menores que no consumen carne. Bueno, eso al menos dicen algunos, porque otros postulan que esa práctica no acarrea problemas. Es más, dicen que justamente por el hecho de comer animales los otros están expuestos a una mayor cantidad de enfermedades.



Por Loreto Varela

Está claro. En una familia de padres vegetarianos es mucho más probable que sus hijos también lo sean. La realidad es que depende de los dueños de casa la alimentación que consumen los niños cuando son pequeños: ellos compran la comida y ellos deciden el menú. Adultos que han optado por la abstinencia carnívora por convicciones religiosas, filosóficas o porque no les gusta que se maten animales para que ellos se alimenten. 

En estos tiempos, a diferencia de hace algunos años, no es tan extraño encontrarse con personas que son vegetarianas. Mucha gente no entiende muy bien cómo sobreviven ni de qué se alimentan. Esta forma de vida, que para muchos es difícil de comprender, también la practican niños a instancias de sus padres. Y ahí viene un inmenso debate entre los que creen que es imposible criar a un pequeño bien alimentado sin carne y quienes piensan que es perfectamente posible. No son pocos los que satanizan este estilo de vida y dicen que los niños necesitan vitaminas, minerales y sobre todo proteínas que se encuentran solamente en productos carnívoros y que de lo contrario los pequeños tendrán problemas de crecimiento, contextura y desarrollo. 

El pediatra Guillermo Boldrini, especialista en medicina homeopática antroposófica aclara primero que nada que la alimentación es particular “hay personas que necesitan tomar determinadas cosas y otras que no, hay quienes apetecen ciertos alimentos en términos sanos y otras que no, incluso tiene que ver con una postura interior, con una actividad. Una persona que trabaja con picota y pala en el campo va a necesitar un tipo de alimento muy distinto a alguien que trabaja frente al computador largas horas, que es un trabajo muy intelectual, entonces tienes que adecuar alimentaciones muy distintas. También la tienes que modificar en los niños según su constitución, su temperamento. No es lo mismo lo que tiene que comer un niño gordito a lo que tiene que comer uno despierto. Cuando te encuentras con estas cosas rígidas, que un niño tiene que comer tantas calorías a la larga eso no funciona”.


DISTINTOS TIPOS. Existen distintas clases de vegetarianos; están los que lo son al 100% o veganos, quienes no comen ningún tipo de proteína animal y excluyen totalmente los alimentos de origen animal, incluyendo la grasa, gelatina y muchos productos industrializados que contienen aditivos provenientes de fuentes animales. Se alimentan principalmente de frutas, verduras, cereales, harinas integrales y leche de soya. No consumen nada que contenga colorantes, preservantes o saborizantes y generalmente cuidan que los vegetales y frutas que consumen sean orgánicos, vale decir sin pesticidas, fertilizantes artificiales, ni modificados genéticamente. Los ovolacto vegetarianos, incluyen huevos, leche y sus derivados en su alimentación, el resto de su dieta es igual a la de los vegetarianos. 

Hay quienes son semi vegetarianos, ya que consumen carnes blancas o pescado, sin embargo estos no son catalogados de vegetarianos por los más estrictos. Tenemos a los frugívoros que comen sólo granos, nueces y frutas. Existen también sistemas de alimentación en estas líneas, uno de ellos es el macrobiótico por el cual Sergio Pazdireck crió a su hija mayor. Además de hacerla vegetariana, la niña tenía una alimentación muy cuidada, incluso su señora mientras la esperaba se hizo toda una preparación y se vacunó homeopáticamente contra la tuberculosis y para limpiarla de enfermedades. Llegó a este método por una doctora y un francés especialista en medicina oriental, los que lo asesoraron en los cuidados necesarios. 

Camila Pazdireck nació y fue criada en sus primeros años de vida con una leche que le preparaban especialmente: leche de arroz integral, 1/5 de leche de vaca, avellanas tostadas y molidas, leche de soya, endulzada con un poco de chancaca. Además la niña era alimentada principalmente a base de cereales, arroz integral y verduras. Nada de dulces, comida chatarra, ni gaseosas. El padre recuerda que “cuando la Camila tenía 2 años y medios fue a un cumpleaños, se comió un koyak y ella nunca había comido azúcar refinada, ni colorantes, amaneció enferma, le dio alergia y fiebre”. Hasta los 10 años aproximadamente la niña se mantuvo comiendo distinto al resto hasta que de a poco comenzó a hacer sus propias elecciones. Cinco años después del nacimiento de Camila nació Constanza, la cual fue alimentada igual que cualquier niño. Sergio al comparar la salud y el crecimiento de ambas es enfático en señalar “Camila nunca se enfermó de nada, mide 1,78 m, es seleccionada nacional de vóleibol. Constanza tiene 13 años se enferma mucho más, tiene problemas respiratorios, es más debilucha y sin conciencia de lo que come.” 
SIN FANATISMOS 
El doctor Boldrini piensa que la alimentación vegetariana tiene que ser muy cuidadosa porque se puede caer en fanatismos peligrosos. “Si entendemos como vegetariano el no comer carne o proteína animal, me parece sano. De hecho cada vez uno se encuentra más con niños que naturalmente tienen aversión a la carne, no les gusta. Aquí han llegado familias muy preocupadas con sus niños tratando de buscar tranquilidad porque son familias muy carnívoras, pero de repente un chiquillo de 6 años dice ‘no voy a comer más carne porque no quiero’, por no comerse a los animales, es una postura bien filosófica. La mamá se preocupa, sin embargo porque ese niño no la necesita y lo ha visto muy bien sin comer carne. Tiene sustitutos de eso si toma leche, come huevos y cereales, es decir tiene un aporte de proteínas que asegura su desarrollo y crecimiento nutricionales completos”. 

Boldrini enfatiza que los niños pueden ser perfectamente ovolacto vegetarianos, pero no vegetarianos estrictos, ya que es fundamental que consuman leche y huevos, debido a que ambos alimentos son la fuente más valiosa para que obtengan las proteínas y vitamina B12 que necesitan para crecer y desarrollarse normalmente. 

Aclara que muchos niños quieren hacerse vegetarianos por una postura de los papás y ahí hay que ver si es lo más adecuado para ese niño: “Los hijos de repente quieren comerse un tuto de pollo o estar con un pedazo de carne en la boca, si la necesitan tienes que darle... Hay algunos chicos que andan desanimados, con falta de energía, tienen que comer carne, ellos no están preparados todavía para eso”, afirma. 

Recalca que todo cambio en términos nutricionales tiene que ser paulatino de lo contrario la persona o el niño se enferma. “Es distinto ese niño que dice que no quiere comer carne, que es como alma en pena, afectado, no aterriza, sin interés por la vida, somnoliento, no basta con darle fierro tienes que darle carne igual, hay que convencer a los papás que ese niño todavía no está listo para ser vegetariano”, dice el pediatra.

Continúa explicando que un chico está preparado cuando él mismo no quiere comer carne, no por una postura religiosa o filosófica de los padres. “Si la escupe y no quiere comerla o la masca y no se la traga ese niño puede ser vegetariano, eso es natural. Hay un camino que se va dando pero hoy hay muchos niños que ya vienen así, son los tiempos, hoy vienen con un nivel de conciencia mucho más amplio”, recalca.


MÁS CONCIENCIA, MENOS CARNE. Ximena Padilla es ovolacto vegetariana, tiene dos hijos, Sebastián de 12 y Zoé de 9 años, a los cuales ha criado bajo el mismo método. “Yo me hice vegetariana por conciencia frente a los animales. Es rica la carne pero también es ‘rico’ comerse a una guagua. Uno puede vivir bien sin sacrificar animales. Primero partí comiendo sólo animales silvestres y de a poco te concientizas. Hasta hace un año comía mariscos y ya no. Mis hijos tienen un peso y un desarrollo normal, somos delgados por contextura... los llevé al dentista y él preguntó ¿son vegetarianos? Porque no tienen ningún problema en los dientes. Ser vegetariano también significa saber de nutrición y me fijo de que estemos bien alimentados. Mis niños nunca se han enfermado y me lo explico por el sistema de vida. Creo que es un proceso y si estás listo perfecto, es personal y si no, no”. 

En cuanto a los estudios acerca del tema, hay muchos que afirman que es perfectamente posible criar niños vegetarianos, mientras otros hacen ver sus reparos. Al respecto Boldrini señala que la mayoría son tendenciosos y los resultados dependen de quien los encargó. Destaca algunas investigaciones que se han hecho sobre niños vegetarianos en Suecia y Alemania donde se ve que las enfermedades disminuyen notablemente y que los niños tienen un excelente desarrollo. Sin embargo también aclara que este es un sistema bastante caro porque si se aplica como debe ser habría que comprar verduras y frutas orgánicas, que son hasta cuatro veces más caras que las corrientes y comer sólo productos integrales y sin refinar (pan, tallarines, arroz, azúcar, etc.) los cuales también tienen un costo más elevado. Asegura que todavía no tenemos la cultura para eso ya que también la leche, huevos, quesos contienen antibióticos, insecticidas, hormonas y plomo. “Hoy el etiquetado en Chile aguanta cualquier cosa nadie controla que eso sea verdad o no... El azúcar rubia antes era de los pobres, valía la mitad, hoy cuesta cuatro veces más y le ponen colorantes para hacerla parecer rubia, hay una irresponsabilidad muy grande en eso”.

El pediatra sostiene que la medicina antroposófica tiene un arte muy grande para manejar el tema de alimentación. “Si tienes un niño que es gordito, torpe para moverse tienes que despertarle su metabolismo, darle alimentos que tengan mucho perejil, cilantro, ajo, cebolla, así le activas el metabolismo y le despiertas el nivel de conciencia. En cambio a un niño que es friolento, flacuchento, enfermizo, le tienes que dar mucho alimento integral muy rico en azúcar: cacao, chocolate; al otro no le puedes dar chocolate, más lo dispersas y hay que concentrarlo. En cambio el flaco está concentrado, es un niño que sufre, complicado, entonces hay un arte en cómo manejar estas cosas... La alimentación no es sólo saciar el hambre sino que darle al espíritu lo que necesita y a cada uno de acuerdo a sus características específicas, temperamentales y de actividad en que están en ese momento”.

Camila Pazdireck hoy tiene 18 años, ya no es macrobiótica ni vegetariana y come de todo. Dice que está feliz de haber sido criada así y que en algunos años más lo más probable es que retome ese sistema de alimentación y que sin duda alguna a sus hijos los criará bajo ese método.]]></description> 
<link>http://www.webmujer.net/testimonios/grandes-historias-de-amor/685_Ninos-vegetarianos---ninos-sanos-/</link> 
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<title>“no te preocupes, no me molesta el partido</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[
Desde que las mujeres tenemos uso de razón, que los hombres se sienten más atraídos por una pelota de fútbol que por nosotras. 
Es inexplicable la forma en que no se dan cuenta que al 99% de nosotras nos desagrada profundamente ver un partido en la televisión, sobre todo, cuando éste es de un equipo desconocido en un campeonato sin importancia.

Para darles en el gusto les decimos que no nos molesta ver durante una hora y media un encuentro que para nosotras no tiene relevancia y que después nos da igual ver la repetición de los goles en cuatro programas diferentes. 

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<link>http://www.webmujer.net/testimonios/tendencias/589_“no-te-preocupes--no-me-molesta-el-partido/</link> 
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<title>Pelvis dañada, inducción, buena experiencia...</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[Mi fecha de parto era el 17 de junio, peroen la semana 37 ya habían indicaciones que el bebé estaba ya bastante grande y que para la fecha fijada tendría 10 libras. También durante varios meses había dado muestras de toxemia . Mi ob/gyn y perinatalogista decidieron que sería el mejor provocar un parto prematuro. 

El día antes de la fecha programada para la inducción Yo me estaba bañando y escuchando a mis gatos pelenado afuera. Salté del baño y corrí a la cocina donde resbalé en los azulejos del suelo. Aterricé sobre mi lado derecho y no podía levantarme. Sentí un dolor agudo en la ingle. Llamé a mi médico quien me mandó a ir al hospital. Tuve que llamar a una amiga para que manejara. 

En el hospital monitorearon al bebé y mi presión arterial. Todo parecía muy bien, a excepción del hecho de que se había separado mi pelvis. Tenía mucho dolor y estaba preocupada de que el parto agravaría la pelvis. El doctor dijo que de todos modos la mejor opción seguía siendo una incuddión al día siguiente. 

Esa noche me pusieron cervidal para madurar la cerviz y me dieron alguna medicina para el dolor. A las 4:30 de la mañana. Sentí contracciones leves. Me chequearon a las 10:30 de la mañana y decidieron que ya era hora de comenzar con el pitocín . Cerca de 1 hora más tarde, se me rompió la fuente y el dolor de las contracciones y de la pelvis separada era muy intenso. Dilaté solamente 2 centímetros, pero decidí ponerme epidural. 

A las 6:30 P.m. la enfermera dijo que estaba lista para comenzar pujar un poco, para que cuando vinera el doctor a las siete estuviera lista. Comencé a sentir un terrible dolor de espalda, y otra vez el dolor de la pelvis. Ajustaron el epidural, pero no funcionó. Después de un examen determinaron que venía en una posición incorrecta y que estaba trabada. Llamaron a la doctora que me hizo virarme de lado para que ella cambiara de posición. En este punto yo deseaba una Cesarea y me sentía muy deprimida porque las cosas no estaban saliendo bien. 

La doctora llegó a las 7:30. Cuando me volteé de la derecha a la espalda, el bebé cambió de posición y las cosas mejoraron. Comencé a empujar otra vez. Sentía mucha presión y cierto dolor con el epidural, pero en general no estaba tan incómoda. A las 8:28 P.m. pude empujar hacia afierea a nuestra hija Loren Renee. 

Ella marcó 8 y 9 en los índices de apgar y comenzó a mamar enseguida. Estáabamos eufóricos. 

Realmente no hubiera podido hacerlo sin la ayuda de mi marido y de la enfermera de parto Fueron absolutamente maravillosos y la experiencia fue muy positiva. 

Despuées del parto no pude caminar durante varios dias por la lesión de la pelvis. Afortunadamente mi marido hizo los muchos trabajos que requiere un recién nacido. Todo funcionó bien y ahora me estoy sintiendo mejor.
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<link>http://www.webmujer.net/testimonios/mamas/348_Pelvis-danada--induccion--buena-experiencia---/</link> 
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<title>Treinta y tantos</title>
<category>Testimonios</category> 
<description><![CDATA[De frentón, no nací con la cosa sexual muy incorporada. O me la castraron por medio de formateo, porque hasta los 10 años quise ser Rafaella Carrá e inexplicablemente un día me cambió la vocación por veterinaria. Anyway. No soy enrollada con el tema: no me creo la Bomba 4 ni acuso frigidez, pero no sé tomar la iniciativa sin sobreactuarme.

Me carga cuando mis amigas con más patas - o con una imaginación en technicolor para creerse el cuento- me salen con que "Consuelo, pero cómo tan tontorrona a esta edad". No puedo, no más. No sé hacer las cosas que veo que son los golpes seguros de las minas en las películas.

Así, si parto a comprarme algo de lencería bonita, inevitablemente me pongo warrior y salgo con un colaless con plumas y lentejuelas, que no me pondría ni en la privacidad absoluta de mi walking closet, ni en público, aunque me inyectaran yumbina.

Pero es un problema mío. No sé si alguna mujer sabría aplicar performances varias para seducir a un escurridizo sujeto. Yo, claramente, no sé. No se me ocurre cómo. Me quedo en lo básico: un par de roces, me afirmo en el brazo para contarle algo, muy cariñosa, y si ya me pasé para haber amanecido osada, pongo la mano encima de la pierna. Pero algo adentro me dice que eso es un pecado capital y que el infierno y purgatorio están plagados de mujeres que andan manoseando a los hombres. Maldita buena educación.

Así las cosas, el romance se me puso lento y no tengo para cuándo se mande un avance. Porque entre la caballerosidad y la falta de libido de este sujeto en cuestión, veo una línea delgada. ¿Qué hacer? ¿Mandarle mensajes libidinosos sin firma, a ver si cae que soy yo? ¿Aparecer en look de afiche de Los Debutantes, con crema batida cubriéndome las partes púdicas, cruzando los dedos para que entienda el obvio mensaje? Puaj. No sé qué se hace. En estos momentos me dan ganas de ser una comehombres de tomo y lomo y mandar el zarpazo sin vivir cuestionándome.

¿Venderán yumbina en alguna parte?
]]></description> 
<link>http://www.webmujer.net/testimonios/tendencias/261_Treinta-y-tantos/</link> 
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